“Cuando dios
aprieta, ahora pero bien”. Esa frase se la oí hace tiempo a Guillermo Fesser e ilustra muy bien cómo
camina el mundo actualmente. Gracias a familiares y conocidos, a algún
chanchullo o apaño temporal, muchos estamos capeando esta crisis. Falta o ausencia de ingresos, escalada
de precios, trabajos invisibles o números rojos conducen a muchos a una
situación desesperada y, a nuestros ojos, sin soluciones posibles.
Momentos de
oscuridad absoluta, ¡sí señor!. Como esos que llenan los libros de historia que
me encantan. De ahí que cuando veo a amigos que no tienen nada a lo que
aferrarse, cualificados y preparados como están, me gusta recordar a John Chard
y sus casacas rojas en aquel valle perdido al borde de Zululandia, en lo que
ahora es Sudáfrica.
Un ejemplo de
cómo salir de callejones sin salida, con determinación y disciplina, usando lo
que está a mano y sabiendo que la ayuda nunca va a llegar.